jueves, 7 de octubre de 2010

Los quiero tanto como a ti

Llovía, y yo veía las gotas resbalando por tu cara. Es la ventaja que se tiene cuando son escasos centímetros los que nos separan. Me rodeas con tus brazos y me abrazas con la mirada... había algo en esa situación que me calaba más que el agua...

Tierna e infantil, una inocencia bien aprovechada. La expresión de quien quiere sentir algo que surgió de la nada. Como si quisiera agarrarme... parar el tiempo y hacer como si no pasara. Como si quisiera atraparme... y hacerme preso de la cárcel que más me gusta y a la que espero estar condenado haga lo que haga.

Profunda, penetrante y difícil de aguantar. No es que se haga insoportable, es que posee una gran inmensidad. Dice muchas cosas aunque la boca permanezca cerrada y no hay broma más graciosa ni pesada que haga recordar, y ser recordada, como lo más tierno y bonito que mis ojos se cruzaron a través de su mirada.

Noches en vela, tardes tirados en la cama... Días paseando o cenando las cosas más sanas... bajo el Sol que reluce o bajo una lluvia recia, firme y pesada... Me encanta mirarte y que me mires, para que te lo diga todo sin decirte nada... y es que sin pestañear, ni mover la ceja, ni hacer ninguna mueca, caricia o ademán con la cara soy capaz de transmitir lo que quiero por una puerta que siempre permaneció cerrada:tus ojos, la puerta hacia el alma.

Dicen que los ojos marrones son normales y no estoy de acuerdo. Los tuyos son especiales porque son los más bonitos que recuerdo. Sensibles, tiernos y naturales capaces de matar a fuego lento... y es que tienen más poder que los míos, y eso no vale... y es que, si no los veo, muero... fíjate si los quiero, fíjate si te quiero.

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