Dos manos que se cruzan y entrelazan, pero sólo es un matiz. Dos brazos que se abren y me abrazan, un desliz. Dos corazones que laten alternativamente. Uno no, otro sí. Dos ojos que miran y dos que huyen, pajarillo y lombriz. Una mirada que mata, la razón de vivir... Un amor de ensueño, la razón de dormir porque ni habitando mis sueños me canso de ti.
Se nota siempre, latiendo fuerte, y a veces se calla. Cuando recibe un abrazo siempre, siempre, se para. No nos separa, sino que nos une y hace más fuertes. Gracias a nuestros corazones nuestro amor no depende de la suerte. No quisiera que así fuera, porque la gasté toda. Supe que era el niño más afortunado del mundo a la vez que me dijeron: “es de ti de quien se enamora”.
Y así juego, aunque esto lo haga solo. Me imagino dentro de uno años, cuando sea formal del todo. El arroz volando, y millones de fotos. Padres y seres queridos gritando “viva los novios”. Alguien que dice mamá, que luego dirá madre. Alguien travieso que se volverá cafre. Alguien cafre, que se volverá responsable... y entonces comenzará a enamorarse...
El futuro llega y no le tengo miedo, porque tengo a quien me proteja por encima de los celos. Alguien que me abraza en mis peores momentos, alguien que me mima y cuida, que cree que lo merezco. Alguien que me quiere como soy, porque no tengo nada más que pensar ni decir: “dependo de ti”.
Te echaré de menos, pero eso no será olvidarte. Guardaremos besos, pero no dejaré de amarte. Porque la vida siempre me dijeron que era corta, comenzaré a creerlos. Pero la vida me ha dado algo que no creo merecerlo. Mírame y quiéreme, eres lo que tengo. Tengo tu nombre en mi corazón grabado a fuego muy, muy, lento...
Por eso nunca te diré te quiero como la verdad absoluta. Me quedaré siempre corto, pero, mientras, disfruta... busco la manera más exacta, más delicada y que no suene bruta: “Te quiero mi princesita. Por favor, no lo olvides nunca”