Sin un pelo de tonto, literalmente... mi cabeza va quedando sola mostrando mis pocas ideas poco inteligentes... Una nueva temperatura, la del ambiente... un calentamiento global en una superficie algo diferente... el punto de referencia cuando hay mucha gente porque siempre señalan tu cabeza cuando es calva y reluciente... comienzo a ser más listo, a tener más dedos de frente... la edad amuebla tu cabeza y la deja al relente...
Ahora comienza un dilema, mis manos no se aclaran... ¿alguien puede decirme hasta dónde debo lavarme la cara? Hasta la coronilla, o quizás algo más abajo... el sudor corre con mi piel y, sin pelos, ve atajos... Llega hasta las cejas, lugar donde mi calva-rio termina... lugar donde el río de sudor ve su fin y se extermina...
Mi otra pregunta es ¿merece la pena tratarla? Los mejores jugadores del mundo son calvos y no tratan de taparla... ¿Cuánto dinero deberá costar quitar una calva? Reflejo de una vida comedida y relajada... Un foco de luz, una bombilla que no se quema... una forma de estudiar la mente desde fuera... una pista molona en la que patinan las moscas sin necesidad de cera...
Sin canas y a lo loco (y sin pelo tampoco...), la energía que me da un menor rozamiento con el aire... la distinción de un pelado que te hace dejar de ser un don nadie... desde el ahorro en peluquería en pelarse y peinarse hasta las niñas que te acarician porque eres “adorable”...
Son todo ventajas sin ningún defecto... si tienes calor te refresca, te pones un gorro en invierno... Por todas estas cosas siempre he pensado que quien se ríe de una calva es porque tiene envidia de no ser calvo, o tiene que tener la pensión de ir constantemente rapado.