lunes, 27 de septiembre de 2010

Placer por placer

Si comerte es un delito me remito a lo que he escrito. Porque no habría mayor placer prohibido y es algo que necesito. Y si me encarcelan por ello, a las pruebas me remito. Reconstruiré los hechos si me vuelvo a alimentar de ti, hasta del último rincón maldito. Bendito es el momento en el que hincó el diente mi cuerpo frito, muerto de hambre y sed, enfermo y marchito. No violé ser humano, ni ser humano alguno, por lo que solicito que me mantengan lejos de la cárcel que niega la libertad que pide este proscrito. No me arrepiento porque me creo todavía un chico listo y cuando vuelva a ser la hora de comer estad seguros de que, yo, repito.

Y es que si comerte es un delito, delinquir es un placer... y los placeres prohibidos han sido siempre, y seguirán siendo, los más atractivos a la hora de comer...

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