sábado, 12 de febrero de 2011

Reflexión solitaria


Los coches pasan y sus luces me iluminan. ¿Por qué soy el centro de atención de la avenida? ¿Por qué soy yo al que miran? ¿Por qué siento tan especial y tan importante mi vida? Quizás sea porque a veces toma un sentido, otras veces se gira, pero la vida siempre acaba teniendo el mismo punto de mira: ir hacia lo que se quiere con la mayor iniciativa y alcanzar lo que se pueda conseguir aceptando las caídas...
Pero no tropiezo. Ando directo con el paso pausado, pero derecho. Ando tranquilo como el que hoy tenía algo importante que hacer con su vida y ya lo ha hecho... feliz y contento, satisfecho...

La gente se cruza y te devuelven la sonrisa. Pocos son los que hay a esas horas y todos con prisa. Pero para mí el tiempo pasa lento, tan lento como caminaba... tan lento como pasa el tiempo a cualquier persona que se encuentre aprisionada... Libre como el viento, así me siento, como el soplo de vida que te deja sin aliento... Mientras llego me paro y pienso: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Se levanta un aire fuerte que hoy no me molesta. En otras situaciones a lo mejor fastidiaría, pero hoy me refresca. La felicidad sonríe por mí y el positivismo me refuerza... Y continúo mi camino como si el mismo cielo me hubiera ofrecido la respuesta. Del mostrador de sensaciones buenas, esta es la muestra. Es la mejor sensación del mundo y es nuestra.

Y es que puede parecer que me ha tocado la lotería, que encontré trabajo o que superé un terrible problema de salud... Nada más lejos de la realidad, narro la sensación que se me queda un día NORMAL volviendo a casa después de ver cómo te montas en el autobús.
Juan}}(11/10/10)