sábado, 27 de marzo de 2010

La realidad de un beso soñado (Parte 2/2)

Mi libreta bajo el brazo, como cualquier ser humano que busca consolarse... (porque los que no se desahogan mueren por dentro, y los que lo hacen bruscamente son animales)... llegué a la colina, más nervioso de lo que nunca estuve antes... el sueño de ayer fue tan real que, para mí, fue amargante... no sabía que soñar producía tantos sudores, ni tantos sentimientos escalofriantes... porque para mí solamente existe una meta en la vida, mi cosa más importante... tú, tú y tú... desde hace tiempo, y desde aquí en adelante...

Me senté en el césped, la ciudad se iba encendiendo... la luz artificial le ganaba la partida a la natural, el Sol se iba escondiendo... era el único sitio donde se resguardaba, detrás de aquella colina... y yo era el único capaz de verlo, sabía el lugar de su guarida... yo guardé el secreto, de todos modos a nadie le interesaba... ¿qué más dará dónde se esconda el Sol si sale cada mañana?...

Me dormí con la cinta del pelo enredada entre mis manos... me dormí pensando que volvíamos a vernos, que volvíamos a abrazarnos... soñé profundamente, casi más que nunca... un recuerdo de un sueño que no se me olvidará hasta que se cumpla... Dos días seguidos, la colina parecía tener poderes... podía traer ante mí a la mejor de las mujeres... yo le dije “Pídeme, a ver que es lo que quieres” Y a la colina le dí lo que siempre necesitó, compañía en los atardeceres... ella me respondió con sueños, pero al menos son algo... porque si no te puedo tener en la realidad, con un sueño me valgo...

Te acercaste... poco a poco con sigilo... y en un segundo nada era, ya, lo mismo... las mariposas que había por allí se juntaron y salieron de mí... la barriga me dio un vuelco, no podía parar de sonreír... y el nudo del estómago se pasó a la garganta, pero no salía, un puro frenesí... mi mirada brillaba... las lágrimas brotaban de los ojos recorriendo mi cara... bajaban por las mejillas, ¡Vaya si bajaban!... y vinieron a socorrer el nudo de mi entumecida garganta... Un sudor frío, tanto que me helaba... un sudor propio de alguien con miedo, que no sabía a lo que se enfrentaba... hacía tiempo ya, pero un beso es un beso... y aunque no te viera desde hace tiempo, nunca olvidaría algo de eso... Acerca tus labios, te demostraré lo que siento... verás como no ha cambiado nada en todo este tiempo...

Y me dio el beso... me gustó tanto que no podía separarme, fue intenso... me resultó corto, pero duradero y placentero... me pareció el mejor beso del mundo entero... tanto es así que le pedí que repitiese, que me había gustado... me preguntó, sin pudor alguno, cuánto tiempo había esperado...
-Meses, quizás años...-le dije- Hace más de una década que te fuiste... trecientos sesenta y cinco días soñando con el sueño que ahora tengo... tanto tiempo soñando que ya parece que hasta sueño despierto...

Me pediste la cinta, y te la di sin reparo ni ninguna traba... y me arrancaste de mí mi bonita cinta rosa y plateada... Recogiste tu pelo, y me dijiste que despertara... que nada era lo que parecía, que todo era lo que esperaba... que los sueños, sueños son... pero aquello no era un sueño, ni era nada... algo que había soñado mucho tiempo, pero que por una vez no soñaba...

Por fin llegó el momento, lo esperé siempre en la misma cima... salimos abrazados jurando que volveríamos a la colina... Volví a la piedra y dejé mi libreta... allí me dejé mi vida, mi corazón y mi inspiración sin quererlo... y, queriendo, las maletas...

lunes, 22 de marzo de 2010

La colina de los sueños soñados (Parte 1/2)

La tarde estaba soleada y yo me encontraba tirado en el césped... todo parecía igual, tan monótono como siempre... aburrido diría yo, como cada vez que pasaba mucho tiempo sin verte... esperando el momento justo para poder volver a tenerte... El sol me daba en la cara, la morriña me embaucaba... me iba a quedar durmiendo tumbado hacia arriba, mientras el Sol me quemaba... mientras me quería adormecer, pero a la vez me avisaba...

Me incorporé, además fue de repente... no podía creer nada de lo que estaba viendo, creí que estaba en el cielo que me gané para después de la muerte... y te vi... me miraste y sonreí... me quedé pensando cómo pudo pasar todo ese tiempo sin ti... y entonces fue cuando comprendí, que la soledad la cubrió el papel, el lápiz y mis ganas de escribir...
Me di cuenta de que te había sustituido, y el lápiz fue mi desahogo desde que te habías ido... Algo raro pasaba, tú habías cambiado... las cosas que te rodeaban no eran las mismas de antes, notaba algo raro... ¿eras tú de verdad? Estaba totalmente asombrado... o no eras así antes, o mi recuerdo es muy vago... Me alegré... me ilusionó la idea de que traicionaras tu “nunca cambiaré”... porque si una cosa está mal, siempre puede empeorar... pero siempre se tiene la posibilidad de mejorar si está bien...

Y mejoraste... a pesar de lo cambiada que estás, estás mejor que antes... el mismo pelo, los mismos ojos... el mismo arte... la templanza, la elegancia y la dulzura no las cambiaste... y ahora mismo eres tan bonita como perfecta, como inalcanzable...

¿Por qué viniste? Hace mucho tiempo que te fuiste... ¿Por qué me abandonaste y no me elegiste? Algo raro sería lo que hice... Pienso que si alguien recibe un castigo siempre es bien merecido... porque no hay castigos aleatorios, ni injustificados, ni equivocados... solamente vengativos... Y si algo tengo claro es que algo malo hice... y te pido perdón ahora que estás conmigo, ahora que volviste...

Dame un beso, que hace tiempo que no te veo... tengo tantas ganas de besarte que ni siquiera me lo creo... llevaba tanto tiempo esperándolo que no puedes ni imaginarlo... y hasta el día de hoy solamente tuve el privilegio de soñarlo... un lujo, sin duda alguna, porque el que sueña es porque duerme... y el que duerme no tiene preocupación ni duda... yo no podía por tristeza... te marchaste corriendo casi desnuda... y ahora has vuelto como te fuiste... limpia, dulce... has vuelto pura...

¿Qué tal te fue? Llevo mucho tiempo sin tener noticias... hacía tiempo que no sabía nada de la maravilla del país de Alicia... tiempo sin saber si besar el suelo por donde fueron tus pisadas o esperar a que volvieses... tiempo difícil y largo sin ti, sin verte... Pero ya estás aquí, que es lo importante... porque cuando buscas algo con toda tu convicción eso termina por encontrarte... sin querer, y con las zapatillas de equipaje, te invito a mi largo, pero placentero, viaje...
Volemos... ¿Dónde? Donde no puedan vernos... a un sitio tan lejano que desaparezca el miedo a que nos equivoquemos... Un sitio del que algún día volveremos, pero sólo si así lo queremos...

¿Te fue bien tu vida amorosa, o no podías parar de pensar en mí? Es que a mí me pasó eso, sin ti no podía vivir... mi única razón de existir era sentarme en este césped cada tarde para poder escribir... vengo aquí cada día, desde el día que te fuiste de mí... porque desde este sitio fue desde donde te alejaste... una colina que atardece cada día, el único recuerdo que tenía de ti... Y me dolía venir... pero no tenía remedio si quería por la noche dormir... mi vida se basa en el trabajo matinal, y las tardes aquí tirado... mirando el cielo que te vio partir, maldiciendo cada uno de mis pecados... esperando a que vinieses por los millones de renglones que, aquí mismo, te he dedicado... y al final vi que tuve lo que merecía, me devolviste el regalo...

Bésame, que llevo muchas tardes aquí esperando... esperándote a ti, esperando lo más esperado... queriendo verte, que me beses... que volvamos a estar enamorados... Te quitaré tu cinta del pelo, suelto cuesta menos acariciarlo... -y la cinta rosa y plateada cayó al suelo sin poder remediarlo- Acércate lentamente, que no me dé cuenta... que la distancia sea corta, así mi mente reinventa... pero no tan corta, que mi corazón revienta... más cerca... más cerca... más cerca...

El Sol me había quemado la cara, me incorporé como si nada... Todo estaba igual que siempre, ninguna cosa cambiada... abrí los ojos, me cercioré de lo que pensaba... era la misma colina que cada tarde me empujaba a cada madrugada... y no estabas... otra tarde más que quedé dormido, soñando que me besabas... porque soñar es gratuito, pero nada se regala... te despiertas y devuelves tu momento de gloria, cada lágrima derramada... una mirada perdida cada vez que me despertaba... Otra vez me dormí, como cada tarde que iba a la colina... imaginando un mundo mejor, rodeado de mi vida... pero no, hoy tampoco estaba... me levanté tranquilamente, me fui para mi casa...

Cogí una cinta del suelo, era rosa y plateada... una cinta inimitable que sé que alguien buscaba... la recogí, y até con ella mi libreta...me fui jurando que no volvería a esa colina (como cada tarde)... pero sabía que tenía hechas las maletas...