viernes, 9 de septiembre de 2011

Menos tiempo es más cerca.

Cuando el amor se aleja; o se desvanece en el horizonte, o se hace más visible en el recuerdo... Aunque hayan dicho siempre que más vale un valiente vivo, que un cobarde muerto, el amor, que no mata sino hace enloquecer, te priva de sentirte cuerdo cuando careces de él.

Y la carencia no es la falta, sino la no plenitud. Cuando lo tienes te llena, y quedas totalmente a oscuras sin su luz. Es más fuerte que cualquier cariño, más fuerte que la razón e, incluso, más fuerte que tú. Es más fuerte que el destino, que la religión, hasta capaz de controlar tu salud. Puede curarte, o enfermarte sin límites y, pese a la paradoja, algunas veces cuando enfermas de amor curas tu existencia y te explicas por qué es por lo existes.

“Sana sanita”, y un beso te curó. Un corazón herido se vanagloria de la herida del que lo hirió, pero un corazón herido se cura, sólo, si le saca la daga aquel que se la clavó.

Esperando, pues, el tiempo pasa. La herida se abre y cierra, pero no sale de casa. Esta dentro, ya queda menos, para su “sana sanita sana”, su caricia en el pecho, y su beso debajo de las sábanas. Ya queda menos para un abrazo de almohada, para una caricia ocular con forma de mirada. Ya queda menos para su particular resurrección porque ahora se muere de ganas.

“Ya queda menos”, frase que aboga resignación, desilusión y desaliento. De todos modos, no he visto enunciado más cierto. El tiempo no se puede parar, aunque pueda sentir que se para, con cada uno de tus besos.

Cuando el amor se aleja; o se desvanece en el horizonte, o se hace más visible en el recuerdo y, este escrito, es una buena muestra de ello.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Sabes bien


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---Sin ánimo de lucro o adoración.
---Letra propia.
---Música: Los príncipes, comparsa de Juan Carlos Aragón.
---http://www.youtube.com/watch?v=yUzxEHiVM8w
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SABES BIEN

Sabes bien lo que hoy te necesito.
Quiero que escuches tranquila
que, si se te olvida,
yo te la repito.

Sabes muy bien lo que siento
porque no me cuesta nada
decirte, siempre, a la cara
que te quiero, de verdad.

Y quiero que tú me digas
si merezco estar contigo
lo que dure la menor de nuestras vidas.

Porque vida solo hay una,
una solo como tú.

Quiero acariciar tu tiempo.
Esconderme entre tu pelo
para decirte que te quiero
y que sonrías como yo.

Esos ojos, hoy brillosos,
son recuerdos de un pasado
que gracias a la memoria
no se nublará jamás.
Y los ojos se vaciarán,
entre lágrimas felices,
que, en busca de lo que dices,
caen al labio para besar.
Y, con un beso, terminar
lo que empezó con un abrazo
de esos que siempre echo de menos
cada vez que tú no estás...

¡a mi lado!

Esos ojos hoy brillosos,
son recuerdos de un pasado.

Para terminar,
quiero que escuches que mi voz no sale solo para poder ver llorar
a la persona con la que compartiré la eternidad.
Por eso quiero que sonría al escucharme
y que no le haga nadie sentir lo que he conseguido...
porque, si sigo a su lado al final de mi vida,
diré ¡que sí, que he vivido!