Hoy sonrío, porque te puedo sentir cerca. No hay nada más de lo que he sentido, aunque no te aseguro que no te mienta. Soy culpable de tu sonrisa, y tú de mis desvaríos y de todo lo que sienta. Me enorgullezco de poder alimentarme del fruto que dio el amor, y de saber que tú también te alimentas.
Cada suspiro a mi espalda lo llevo a cuestas. Recuerdo cada latido y cada mirada, me sé cada una de tus respuestas. Recuerdo cada sueño cumplido, todos conseguidos con tu inercia, así como también recuerdo cada palabra como si el viento no se la llevara y siguiera siendo nuestra.
La luz que guía al peregrino, el faro que orienta a los barcos... eres lo que marca mi camino en un agradable paseo del que nunca me harto. Contento contigo consigo conquistar todo aquello que abarco... Quiero y requiero pedir y decir que sin ti es el fin el que toma, temerario, el mando.
La oscuridad de la noche no es problema, la iluminas desde la sombra. Una pena que sea poco tiempo por culpa de que, después de un piropo, la vergüenza te esconda. Pero, aunque no la ilumines, la haces diferente y lo sabes de sobra. Haces que las horas vuelen contigo mientras la noche muere entre latidos y el amanecer, detrás de los edificios, la desborda.
No exagero cada vez que te miro, tiemblo y te digo que te quiero. Después me encanta poder darte un abrazo para seguir sintiendo que seguimos juntos. Sabes que hay que disfrutar cada segundo como si fuera el primero, y cada primero como si no existiera el segundo.
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