domingo, 30 de octubre de 2011

Un cielo de una estrella

Une los puntitos y sabrás qué es lo que digo. Punto a punto, paso a paso, ése es el camino. Juntos, de la mano, recordando lo vivido... Eres lo mejor que tengo y lo que nunca tendría de no haberte tenido. ¿Un suspiro? Es amor rebosante, aunque un poco incomprendido. Asimilas, lo asimilo... Cuando soplo es porque me muero por dentro, porque estoy disfrutando, o porque eres capaz de unir ambas cosas en un mismo sentido.

El cielo, mira que está lejos. Si me escuchas yo te escucho, pero antes te daré un consejo: quiéreme, hasta el fin de los tiempos. Quiéreme como medicina que anestesia tu sufrimiento. Quiéreme como siempre nos hemos querido... como novio, amigos... pero también como compañeros. Es muy difícil querer a alguien que ves el día entero, porque normalmente también vives con sus defectos. No los veo, lo siento. O los guardas muy bien, o no tienes los que tengo.

El universo, verso único. Es capaz de unificar, desde el planeta más lejano, hasta el pueblo más rústico. Algunos vienen de los últimos y, tú, de otro planeta. Eso hace que nuestro amor sea de otra galaxia, y al conjunto de todas las estrellas pertenezca. No vi uno igual, pero es que no hay uno que se le parezca. Nuestro amor va más allá, y es capaz de superar fronteras. Escúchame ahora, verás cómo te enteras: Te quiero, y quiero que lo sepas. Siempre fui un estrellado, pero ahora tiene sentido, porque estoy con la más linda de las estrellas.

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